Abro un paréntesis
Cuando leas esto yo ya estaré de vacaciones, pero quería despedirme antes
En estos últimos meses he visto cómo KADERI creció y se convirtió en una newsletter con más de 2000 suscriptores. Desde que empecé en Substack me he sentido parte de una comunidad muy bonita, donde hemos creado un espacio seguro para leernos y escribir desde el corazón.
Este sentimiento no hizo más que intensificarse cuando asistí al evento The Book Room en Madrid, donde conocí a personas maravillosas con quienes pasé una tarde agradable llena de literatura. Me sentí muy feliz de estar allí, de compartir espacio con autoras y autores que admiro. Pero también lo interpreté como un mensaje del Universo que me decía: «Patricia, es aquí».
Qué reconfortante fue saber que no me equivoqué al decidir intentarlo en Substack, después de haberme autoinvitado a otros espacios literarios donde, por desgracia, no fui bienvenida. Los círculos literarios a los que asistí eran sitios cerrados, donde una mujer de origen árabe que escribe sobre temas tan crudos como los abusos, la sexualidad femenina y la salud mental no tiene un lugar donde sentarse y hablar. Para ellos era incómodo escucharme y por eso terminé alejándome.
Tenía el mismo miedo cuando empecé a escribir en Substack. El temor a volver a ser rechazada por ser demasiado honesta siempre me acompañó, pero algo dentro de mí me decía «es aquí». Y aquí estoy.
Mientras volvía en el AVE después del encuentro de Substack, me di cuenta de que necesitaba hacer un rebranding de KADERI. Cuando empecé este proyecto literario, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Solo quería compartir mis textos y que alguien los leyera, porque si alguien los leía entonces habría merecido la pena todo el dolor que guardo dentro de mí, un dolor que he podido aliviar a través de lo que escribo. Cada texto que publico es un bálsamo que recubre una herida que nunca se cierra.
Sé que el «tú me lees, luego existo» encierra una necesidad de validación, pero yo lo veo más como una necesidad de comunicación. Porque ambos, tú y yo, autor y lector, emisor y receptor, somos seres sociales. Si escribo es porque quiero hablar y que me hablen, escuchar y que me escuchen y me digan «entiendo lo que dices».
Mis publicaciones de Substack son como una fiesta, donde tú y yo no conocemos a nadie. Ambos estamos de pie, con una bebida en la mano y con la presión de hablar con alguien. Aunque hay una emoción más fuerte que está dominando nuestra mente: la vergüenza de ser conscientes de que los demás saben que estamos solos.
Pero entonces yo me acerco a ti y te digo:
—¿Sabes por qué compramos más libros de los que leemos?
Y tú me dices que no, o tal vez sí lo sepas y me lo empiezas a contar, entablando una conversación sobre libros, cultura y capitalismo. Sin darnos cuenta nos sentimos mejor y ahora la fiesta nos parece maravillosa, un evento que recordaremos siempre porque tuvimos a una persona con la cual compartir un momento agradable.
Pero no es fácil conectar con un interlocutor en un espacio virtual donde cientos de voces le están llamando al mismo tiempo.
Hace unos meses tomé la decisión de empezar a publicar una vez por semana, ya que pensaba que esta constancia me acercaría a más lectores y mantendría la ruleta de la suerte girando, mientras rezaba para que el algoritmo eligiera una de mis publicaciones y la recomendara a más gente. ¿El resultado? La pérdida de mi esencia, pues dejé de escuchar mi voz interior y me centré en la voz de mis estadísticas.
Y ahora ya no quiero estar en esta fiesta. Quiero volver a casa, pero no sé dónde está mi casa.
El camino de vuelta no está trazado. Tengo que crearlo yo misma y, por esta misma razón, en los próximos dos meses voy a hacer El Camino del Artista de Julia Cameron. Estaré compartiendo mi progreso en:
Tengo muchos bloqueos creativos de los cuales quiero deshacerme para poder crear contenido del cual esté orgullosa. No es que lo último que haya publicado en Substack no me guste; todo lo contrario, le tengo mucho cariño a cada post que he publicado. Pero sé que puedo hacerlo mejor porque soy consciente de lo que soy capaz de crear.
Los haters y las copycats te ayudan a darte cuenta de tu valor como escritora y de que vas en la dirección correcta.
Substack es un portfolio que estoy construyendo para entrar en el mundo editorial. Quiero publicar una novela con Penguin Random House; quiero ser editora de mi propia revista; quiero diseñar e impartir talleres de escritura creativa. Quiero escribir, contar, crear e inspirar.
Estoy manifestando la vida que sé que me merezco. Mi nombre árabe significa «sueños inspiradores» y me gusta pensar que estoy hecha de esa misma materia.
Gracias por haberme acompañado hasta aquí 🌻.
Felices vacaciones y nos vemos en septiembre.
Te dejo una lista de mis 53 publicaciones, ordenadas alfabéticamente y agrupadas por categorías:
Amor
Carpe noctem, aprovecha la noche
Esperar un mensaje que nunca llega
Cultura
Delegar a la IA lo que nos hace humanos
Dejemos de normalizar el grabar a la gente por la calle
Identidad lingüística e identidad cultural
Las pinceladas del Impresionismo
Los “personal curriculums” o cómo traer la universidad a casa
Por qué compramos más libros de los que leemos
Por qué y cómo anoto mis libros
Qué es un commonplace book y por qué deberías tener uno
Qué es un project pan y qué nos dice sobre nuestros hábitos de consumo
Entre líneas
Escribí mi Trabajo de Fin de Máster en una semana
No sé quién soy... y eso está bien
Poesía
Relatos
Salud mental
A la gente le da igual tu salud mental
La vida es un puchero y tú eres el arroz
Leer ficción cuando tienes depresión
Pensar demasiado es vivir a medias
Substack
Lo que me hubiese gustado saber antes de empezar a escribir en Substack
Cuenta atrás en
https://kadericountdown.netlify.app/
Imágenes en este post (según el orden en que aparecen):
El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli, (portada editada por mí).
Eventails, engraved by H. Reidel de Georges Barbier.
Scheherazade and Shahryar de Marie-Éléonore Godefroid.
En el Venusberg de John Collier.
Autorretrato de Vincent van Gogh.
Le Lit, le baiser de Henri de Toulouse-Lautrec
Retrato de Madame X de John Singer Sargent
Christina’s World de Andrew Wyeth
Madame François Buron de Jaques Louis David.
¿Sabías que el 4 de julio se celebra el Día Mundial del Libro Electrónico?












Patricia, tanto tiempo.
Gracias por abrir este paréntesis.
Mientras te leía me di cuenta de que, en parte, también estaba leyendo algo de mí. Yo también he sentido cómo el ruido de la plataforma puede hacer que uno deje de escuchar su propia voz. Por eso decidí detenerme un tiempo: leer, escribir y, sobre todo, vivir.
Creo que haces bien en seguir tu instinto. Confía en él. Nunca ha sido el algoritmo el que nos ha traído hasta aquí, sino nuestra manera de mirar el mundo y de contarlo.
Te admiro muchísimo y tienes todo mi apoyo. Y quién sabe… quizá hasta podamos recorrer juntos El camino del artista.
Disfruta de este descanso.
No dejes de escribir lo que sientes.
Aquí estaremos cuando vuelvas.
Un abrazo grande.
😍😍😍 Pero qué bonito escribes Patricia! Aunque en el texto muestras tus dudas y te cuestionas qué dirección tomar, aunque aún no lo sepas, me encanta la determinación y la seguridad que se desprende de este texto. Puedes que aún no hayas tomado una decisión, pero el hecho de abrir este paréntesis vacacional ya dice muchísimo de qué camino quieres tomar. Como ya te dije en la note, esperaremos con ansias tu regreso y estoy segura que vas a despegar y a volar alto. Un abrazo enorme y descansa y recarga pilas e ideas todo lo que puedas!🫂❤️❤️❤️ Pd: también yo llevo tiempo pensando en la idea de editar una revista propia, me encanta. 🥰🥰🥰